| La
vida nunca me dio tantas lecciones como en estos últimos años:
Aprendí
que no tengo por que estar con gente que no me agrada, pero que tampoco
hace falta odiarlos por ello.
Aprendí
que puedo ser feliz siendo como soy, o por lo menos no tan triste, y que
es al pedo intentar alcanzar la felicidad siguiendo el camino de otros:
siempre me será mas cómodo mi camino,
aunque muchas veces implique recorrerlo solo.
Me
convencí de una buena vez que lo único definitivo es la muerte, y por
ello no hay que molestar a Dios (o a Alá, o a Rá o a quien sea) con boludeces.
El
país y el mundo sobre todo, no dejan de demostrarme que siempre se puede
estar peor, por lo que trato de agradecer a Dios (o a Alá, o a Rá, o a
mi suerte...) lo que tengo, y evitar mariconear por lo que me falta.
Sigo
creyendo que es preferible creer que dicho ser supremo existe: uno se
siente acompañado (y mas aún cuando se planea recorrer un camino muchas
veces solo), pero tampoco se puede confiar demasiado en él, después de
todo nos hizo “a su imagen y semejanza” por lo que debe errar como cualquier
humano...
Como
lo único definitivo es la muerte, sigo tratando de confiar solo en mí,
no porque no haya personas confiables sino porque mañana pueden dejar
de estar...
Me
estoy dando cuenta que no soy dueño de mi destino y que mis decisiones
jamás cambian nada demasiado, que navego a vela por la vida y solo puedo
esperar estar atento para aprovechar los vientos a favor...
MaC |